El Gran Buenos Aires

 

Generalidades

Los partidos que conforman la periferia de la Capital Federal, si bien mantienen más o menos los mismos patrones que se dan en el centro de la ciudad, son abarcados por los libros de geografía y atlas de la Argentina en forma separada. Conforman el Gran Buenos Aires, donde residen unos 8 millones de habitantes, de los cuales un alto porcentaje se traslada por día a la Capital Federal.

Estos partidos o departamentos pertenecen a la provincia de Buenos Aires, pero como están tan unidos a la ciudad deben ser tomados como parte de un mismo grupo urbano.

Abarcan una superficie de 3.680 kilómetros cuadrados, lo que significa el 0,1 por ciento del total del país. Su población llega a los 8 millones de habitantes (según el censo nacional de 1991), lo que representa el 24, 4 por ciento del total de Argentina. Asimismo, un 94 por ciento de las personas que viven en el llamado conurbano bonaerense, están radicadas en la zona urbana, mientras que sólo el 6 por ciento vive en zonas rurales.

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Concentración Demográfica

En la actualidad, los partidos bonaerenses desempeñan un papel destacado en la integración del Gran Buenos Aires: más de un 70 por ciento de la población del conglomerado urbano reside en la porción provincial de la gran aglomeración.

Entre 1947 y 1980, la población de la Capital Federal, próxima a los tres millones de personas, se mantuvo estable. Se hizo evidente entonces que la participación relativa de la ciudad de Buenos Aires en el total de la población total del país descendió en dicho lapso del 18, 76 por ciento (en 1947) al 10,4 (en 1980). En cambio, en el mismo período, la porción provincial bonaerense del Gran Buenos Aires ascendió de 1,5 millones de habitantes a 7 millones, registrando uno de los más grandes crecimientos poblacionales de todo el país.

El vertiginoso crecimiento demográfico de la orla urbana que rodea a la Capital Federal, acentuado sobre todo entre 1960 y 1970, afecta en grado notorio a la provincia de Buenos Aires, pues dos de cada tres habitantes de ella residen en el Gran Buenos Aires.

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La Distribución Espacial

Los ríos que actuaron como ejes de división de la tierra en el periodo hispánico, como el Matanza y el Reconquista, actualmente continúan funcionando como límites interpartidarios, aunque las divisiones jurisdiccionales restantes son de tipo geométrico y se apoyan en el antiguo fraccionamiento parcelario realizado por Juan de Garay.

Algunas diferencias de magnitud permiten reconocer un pequeño grupo de partidos segregados de otros anteriores –como es el caso de Tres de Febrero, separado de General San Martín- que son aledaños a la Capital Federal. En cambio, los de mayor tamaño, situados en la periferia de la provincia, renuevan en proceso de subdivisión política que ocasiona la densificación ocupacional.

Los antiguos pagos de Magdalena y La Matanza generaron partidos que sufren un marcado proceso de escisión a partir de la década del 30, época en que la ciudad de Buenos Aires desbordaba los límites de la Capital Federal y aglutinaba a la población suburbana en un centro único.

Las cabeceras de los partidos que forman parte del Gran Buenos Aires, como Morón, Merlo y San Isidro, nacieron como núcleos autónomos. Algunos de ellos estaban vinculados a la vida local desde la época hispánica; la mayoría, en cambio, proviene de los sitios de escala establecidos en el tendido de los ferrocarriles que en el siglo XX contribuyeron con su expansión a rellenar los espacios vacíos.

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La Distribución Funcional

Las distintas zonas ocupadas por los partidos aledaños a la ciudad de Buenos Aires están caracterizadas generalmente por una determinada distribución funcional. Las áreas dormitorio de lujo se encuentran situadas en la zona alta de la ribera meridional del Río de la Plata.

Por el contrario, en los terrenos bajos e inundables próximos a los ríos Reconquista y Matanza se concentran los barrios obreros. Otros amplios espacios destinados a la defensa (Campo de Mayo, en San Miguel, o El Palomar, en Morón), así como otros están reservados al tráfico aéreo nacional e internacional (aeropuerto de Ezeiza y varios aeródromos), prologan los espacios vacíos que aparecen en el mapa y que son las áreas inundables de La Matanza y el valle del río Luján.

Lo mismo sucede con otros espacios amplios destinados a la recreación, como el caso del área del Delta, que alberga clubes náuticos, recreos y vastos espacios hortícolas, frutícolas y forestales.

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La Concentración Industrial

Pesa a que la provincia de Buenos Aires siempre contó con una gran riqueza agropecuaria, en los años 60 el valor de la producción manufacturera provincial llegó a superar tres veces el valor de la producción agrícola-ganadera.

De 1963 a 1968, los establecimientos fabriles aumentaron en el Gran Buenos Aires de 54.500 a 75.500. De ese total de establecimientos, casi el 75 por ciento estaba situado en los partidos aledaños a la Capital Federal. O sea, en una parte realmente minúscula de la provincia de Buenos Aires (3.680 kilómetros cuadrados sobre un total de 307.571 kilómetros cuadrados) se concentraron casi dos tercios del potencial industrial instalado, aproximadamente dos tercios del personal ocupado y cerca de dos tercios de la población.

En el año 1970, en los partidos provinciales del Gran Buenos Aires, la participación de los sectores productores de mercancías en el Producto Bruto Interno Nacional llegó a elevarse al 42,9 por ciento.

Este porcentual estaba integrado de la siguiente manera: textiles, 55 por ciento; papel y productos afines, 54,2 por ciento; productos del caucho, 94,1; sustancias y productos químicos, 52,9; derivados del petróleo y carbón, 57,1; industrias metálicas básicas, 57,3; construcción de maquinaria, 45,2; material de transporte, 50,7, y maquinaria y artículos eléctricos, 39,4 por ciento.

Esta concentración industrial en los partidos aledaños a la Capital Federal se fue acentuando sin pausa. Casi sin solución de continuidad, el cordón industrial se extiende ahora hacia el norte hasta San Nicolás, incluyendo los partidos de Ramallo, San Pedro, Baradero, Zárate, Campana y hasta Berisso, Ensenada y La Plata en el otro extremo, constituyendo de hecho una gigantesca megalópolis.

La política económica implementada en el año 1976 por el gobierno militar afectó notoriamente al cordón industrial bonaerense, al igual que al resto de la industria nacional. La apertura indiscriminada de la importación de productos manufacturados se tradujo en un acelerado desmantelamiento de gran parte de la infraestructura industrial, con la consiguiente secuela de desempleo, pobreza y marginalidad.

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La Población Activa

La población económicamente activa de los 19 municipios que conforman el Gran Buenos Aires alcanzaba, en 1991, al 57 por ciento del total de habitantes de la provincia mayores de 14 años. Si se tiene en cuenta que el aglomerado urbano que agrupa la ciudad de Buenos Aires y los partidos aledaños es el mayor núcleo poblacional del país, se advierte que la dinámica laboral de estos distritos tiene una incidencia determinante sobre el conjunto de la actividad económica nacional.

La desocupación que afectó a las clases trabajadoras entre los años 1980 y 1990 incidió más en la población femenina (10,6 por ciento de la población activa) que a los varones (6,5 por ciento).

Las tasas de desocupación por edad mostraban cifras por encima del promedio de los varones de grupos extremos (14 a 24 años y 65 años y más) y sólo en los intervalos de edades jóvenes (de 14 a 24 años) entre las mujeres.

La participación laboral masculina alcanzaba los mayores valores en la actividad entre los 25 y 44 años, mientras que la participación laboral femenina tenía una mayor relevancia entre los 20 y los 34 años de edad.

La evolución de la estructura laboral en los partidos del Gran Buenos Aires sufrió cambios sustanciales en la última década. Según el censo de 1991, las personas que en ese año manifestaron trabajar en relación de dependencia redujeron su incidencia respecto a 1980.

A raíz de la privatización de numerosas empresas estatales, las personas que trabajaban en el sector público redujeron su participación en un 24,6 por ciento.

Esta situación de desempleo trajo como consecuencia un incremento del servicio doméstico y del llamado "cuentapropismo", así como una mayor presencia de los trabajadores familiares sin remuneración fija.

Este panorama se triplicó desde el año 1991 a la fecha, especialmente por la política de ajuste económico permanente. La desocupación llegó a un techo de 18,7 por ciento en 1997 debido a las crisis internacionales, las cuales provocaron una recesión muy fuerte. No obstante, no se tendrán datos ciertos hasta que se realice el censo 2000, ya planificado y en vías de ejecución.

En 1991, según el mismo censo, algo más de 61 por ciento de la población de los partidos del Gran Buenos Aires contaba con alguna cobertura de salud, de la cual el 70 por ciento poseía obra social, a la vez que un 16 por ciento contaba con doble cobertura.

Las personas que en 1991 carecían de cobertura de salud, en los partidos bonaerenses aledaños a la Capital Federal conformaban una proporción considerable de la población total (38,5 por ciento), o sea, que prácticamente doblaban la incidencia que presentaba la Capital Federal.

Los más desfavorecidos entre los que no tenían cobertura de salud eran los desocupados y las amas de casa. De los sectores en relación de dependencia, el servicio doméstico presentaba la peor situación, seguido de los empleados y trabajadores de establecimientos pequeños. En 1991, en el ámbito de los partidos del Gran Buenos Aires, 970.214 personas percibían jubilación o pensión. La proporción sobre el total era del 10,9 por ciento variando según si los partidos se ubicaban en el primer cordón, de más antiguo asentamiento y mayor estructura de edad, o en el segundo cordón, de población más reciente y estructuras de edad más jóvenes. Después de los 75 años, los varones que poseían este beneficio superaban el 90 por ciento, y las mujeres, el 80 por ciento.

Según el mencionado censo 1991, entre los trabajadores que se hallaban en situación de dependencia, un 64,1 por ciento manifestó que se le efectuaban descuentos para la jubilación, fondos que manejaba el Estado.

Entre los sectores con menor incidencia de aportes sobresalían los trabajadores del servicio doméstico y los que se empleaban en establecimientos pequeños del sector privado.

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